Este año, donde la salud y el bienestar del planeta están el centro de la escena por la pandemia del coronavirus, la sociedad se encuentra en un momento propicio para re-pensar y reflexionar sobre el impacto ambiental que las personas generamos al momento de utilizar medios de transporte que se alimentan de recursos no renovables como los combustibles fósiles.


La movilidad sostenible contempla tres ejes principales:
· Social: tiene como objetivo mejorar la calidad de vida de toda la ciudadanía, especialmente la de los peatones, ciclistas y usuarios de transportes públicos.
· Económico: reduce el consumo de recursos.
· Ambiental: limita las emisiones de carbono y disminuyen los niveles de ruido.


La forma en que los ciudadanos nos movemos tiene un impacto directo en la calidad de vida de las personas así como en la calidad de las ciudades. El aumento del número de autos, con su emisión de CO2 tiene efectos negativos sobre el aire que respiramos. También nos vemos afectados por el aumento en los niveles de ruido, lo cual incide de manera negativa sobre nuestra salud, al igual que el sedentarismo cada vez más extendido por la constante utilización del automóvil. Asimismo, no se puede dejar de lado el uso del espacio público que hacen los vehículos particulares; cuando están estacionados pero también en las congestiones.

En las primeras décadas del siglo XXI, los diferentes actores de la sociedad deben pensar en la construcción de ciudades sostenibles, amigables, saludables, accesibles para todos; con espacios públicos de calidad y con las calles repletas de personas.
Por suerte, en la actualidad, las ciudades están cambiando su visión, para dejar de centrarla sobre el automóvil y devolverla al peatón. Por su parte, desde hace algunos años, la Municipalidad de Rosario comenzó a repensar los desplazamientos en la ciudad, implementando una serie de políticas públicas para generar un cambio de paradigma hacia una Movilidad Sostenible. Rosario, al igual que otras ciudades de Latinoamérica ha empezado a reemplazar su escala urbana centrada en el vehículo individual, para volver a considerar al ser humano como eje de la misma.