Desde el año 2009 el CONICET impulsa el certamen Concursol ante la preocupación por la problemática  energética y la necesidad de dar un lugar de reflexión y acción, donde alumnos de las escuelas secundarias, públicas y privadas, compiten en un certamen donde la energía solar es la protagonista. Este año, se suma a Rosario y su zona de influencia, la ciudad de Santa Fe, quien había participado en sus ediciones originales.

“Hace siete años propusimos salir a los medios, algo que no estaba faltando a los investigadores: la difusión de nuestros trabajos”, afirmó el doctor en física Miguel Ángel Lara, integrante de la Asociación Argentina de Energía Solar (ASADE), quien trabaja en el Instituto de Física Rosario y es director del Laboratorio de Energías Alternativas del CONICET.

“Queríamos generar un espacio para las escuelas secundarias donde los docentes de física, química o biología de 3º, 4º y 5º año se involucraran con el objetivo de fomentar el uso de las energías renovables, fundamentalmente la solar; darle  una respuesta a la sociedad de que hay que ahorrar energía, concientizar a través de los alumnos una actividad que va a ser importante para la escuela”, explicó a Industria Ambiental.

Lara además detalló que se realizan tres o cuatro encuentros con los alumnos interesados, en general son entre cuatro o cinco que representan a una escuela, “las charlas sobre qué es la energía solar, la utilización de los proyectos, cómo se obtiene el calor, si es energía eólica, la biomasa, es decir, que lo inducimos a que piensen un proyecto”.

Cada grupo cuenta con un docente o tutor que los acompañan durante el año, presentan un proyecto que debe tener un título, cuál es su objetivo, se hace una evaluación económica, de eficiencia energética. “Una vez aprobado, el CONICET lo financia y finalmente un jurado evalúa los trabajos y entrega premios al primero y segundo puesto, pero todos se llevan premios. Les otorgamos una tablet a los chicos y dinero para el laboratorio de su escuela.”

Entre los principales objetivos que plantea Concursol está estimular la toma de conciencia en las jóvenes generaciones sobre el beneficio del uso de energías no convencionales, en especial la energía solar y sus múltiples aplicaciones; acompañar la función de la escuela en los procesos de formación de hábitos que inciden en la sociedad, tales como el cuidado y preservación del medio ambiente en lo referido a la utilización de energías renovables, en este caso particular la energía solar, como fuente inagotable para la diversidad de aplicaciones que su uso permite e incentivar la investigación y experimentación a nivel grupal.

 

Desarrollo del concurso

El concurso propone una serie de etapas. La primera es la inscripción, instancia donde pueden anotarse grupos de hasta cinco integrantes de escuelas secundarias. Cada equipo debe proponer un tutor, que puede ser un docente o directivo de la escuela, que oficiará de interlocutor con la organización del concurso y de guía al interior del grupo.

 

Seguidamente tiene lugar un ciclo charlas de capacitación a cargo de científicos del CONICET y especialistas de otras organizaciones vinculadas a las energías renovables. Este espacio de interacción está destinado a que todos los participantes puedan profundizar sus conocimientos en la temática y tengan la oportunidad de hacer consultas y resolver dudas.

 

La siguiente etapa es la presentación de proyectos, donde los grupos plasman por escrito la idea del artefacto solar que quieren desarrollar. Todos los trabajos son evaluados por el jurado y aquellos que respetan en mayor medida los criterios fijados en el reglamento son financiados por Concursol.

Luego continúa un período destinado a la construcción del equipo, que comprende alrededor de tres meses. En última instancia, los artefactos se pueden ver en funcionamiento en la Exposición de Concursol, jornada al aire libre abierta al público, que se realiza con el propósito de que los participantes puedan mostrar a sus compañeros, familiares, amigos y público en general, el trabajo que realizaron en el marco de Concursol. Como cierre del evento, el jurado recorre la muestra y conversa con los grupos, con el fin de realizar una nueva evaluación, fundamental para la definición del certamen. Los dispositivos son evaluados de acuerdo a los valores, que se detallan en el reglamento del certamen: eficiencia, ahorro energético, idea/diseño, originalidad, relación con el medio ambiente, vinculación con el medio social y aplicabilidad.

“Nosotros hacemos un seguimiento con los chicos y lo orientamos. Cuando ellos presentan sus trabajos también les hacemos preguntas y las respuestas son brillantes, estudian cuántas personas viven y cuánto van a gastar…en las pautas le plateamos está qué utilidad social tendrá su trabajo, qué ahorro energético, qué eficiencia energética, si utilizan materiales reciclables, lo que da más valor. Siempre decimos que desde el momento que los chicos muestran interés y se involucran, ya ganaron”, concluyó Lara.